Los emigrados

Desde hace muchos años, supongo que en parte por nuestra igualdad y diferencia y en parte por nuestra muy distinta suerte, me perturba sobremanera el sólo pensar en la vida de los emigrados. Más si cabe por mi ventaja en la distancia y mis palabras sentidas.

El otro día leía, como los últimos sábados, a Pedro Simón en El Mundo: No Vengáis, titulaba. -Hace daño y desgarra leerlo, por esas personas que sufren así, siendo carne herida de uno de los más terribles abandonos de nuestra especie: los otros. Es lo más normal en estos casos. Aunque conviene no olvidar que los que sufren son ellos, nosotros deglutimos ante el horror del espectáculo y soltamos algún ay-. Este padre periodista, casi siempre, escribe algo relacionado con los niños y suele ser entretenido, que no amable. He de recomendarlo, al igual que aprender de él. Sobretodo espero, tal vez de manera infantil, que muchas de las injusticias que vemos estos días acaben pronto. No sé exactamente cómo, pero sí sé que depende de todos nosotros. Les deseo lo mejor en su viaje: !ya¡

Mientras tantas vidas se deshacen, Bambino está a punto de cumplir seis meses. Precioso, juguetón y sonriente.

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Desde que hemos nacido, los dos somos vallisoletanos. Y cuando voy con él por la calle me viene mucho a la cabeza una pregunta que me hacía yo de niño y joven: ¿Porqué la mayoría de la gente en Valladolid tiene esa cara de amargada? Cuando empecé a trabajar, creí entender parte del porqué de muchas de esas caras. Ahora me doy cuenta de qué poco había entendido. Gran parte de las personas en esta sociedad del bienestar, supongo que también en otras muchos países avanzados, están amargados casi toda su vida, si acaso un poco mustios. -Sálvense los marcados por la puta vida y la hipocresía de sus conciudadanos, la religión y los eufemismos-. No hay muchas emociones y aventuras. La mayoría nos conformamos con algún trabajo que no suele gustarnos, la bendita rutina, ocio tonto y paz, no sé si social ni si la tenemos dentro de nosotros, la verdad, pero paz. ¿La crisis también habrá ayudado a esas caras? dirán algunos; a pesar de que toda la culpa siempre es de los otros. Así lo veo y así lo siento, y de verdad que siento que sea así. -A pesar de que lo llevo bien, también me perturba el no saber porqué todos pedimos tanto y damos tan poco-. Salva el año a nuestros vecinos el hecho de que en primavera y en verano, a poco, a muchos les cambia la cara, sobre todo si están en  La Montaña o en Asturias o Cádiz.

A los pocos días de venir mi amigo Benjamín de su última estancia en Buenos aires, nos decía con su gracia y puntería: “Es muy curioso. Vas andando por la calle, ves a la gente, les preguntas: ¿qué tal? y te responden que bien. Y, en el fondo, todos están pensando: ¡ qué ganas tengo de irme de aquí!”. Y yo, puesto a ser puntilloso, y con perdón, no sé si es que muchos no han emigrado lo suficiente. Espero descubrirlo aquí sin amargarme los días y, más allá, seguir sonriendo con Bambino en nuestro viaje interior.

 

 

 

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