Libertad y felicidad

“La libertad exterior que alcancemos depende del grado de libertad interior que hayamos adquirido. Si es ésa la correcta comprensión de la libertad, nuestro esfuerzo principal debe centrarse en realizar un cambio en nosotros mismos.”

Mahatma Ghandhi

Parece que el calor ha llegado para quedarse.

La pareja de cisnes blancos del Campo grande ha tenido cuatro crías. Son grises y los ciudadanos ya las están cebando a gusanitos.

Este niño sale ya a la calle en pantalón y camiseta cortos. Hace pocos días que le asoman tres granitos de arroz en parte superior de la boca. Ya come carne, pescado, sandía y gusanitos, ecológicos.

En una semana Bambino cumplirá nueve meses, 18 desde su gestación. Su peso aproximado es de nueve kilos, se le ve bien sanote. Aún no gatea.

Ya han pasado muchos días desde su nacimiento y uno se acostumbra a tener a esta maravilla a su lado. ¡Qué acierto haber decidido estar el mayor tiempo con él y el currar lo menos posible! Los horarios se asientan y poder seguir observando a esta criatura es una delicia. Sin duda alguna, el tener un niño es una oportunidad única para mejorar la visión de la vida, el mundo y las prioridades del día a día. Hace que muchas cosas dejen de tener importancia.

Las familias y los amigos nos tienen en palmitas. Por otro lado, la cara de la mayoría de conciudadanos me hace pensar que no son felices. “El hombre compasivo es bueno, incluso enfadado; desprovisto de compasión, mata con la sonrisa”, dice el poeta tibetano Shabkar (en el libro En defensa de la Felicidad, del monje budista, Matthieu Ricard).

Esta semana hemos estado entre Puente Duero y Simancas viendo una casita en la ribera del Duero. No viviremos en ella, aunque la naturaleza nos llama desde hace mucho tiempo. De una forma u otra la ciudad nunca nos enladrillará el cielo y los pulmones.

Todas las noches leo. Todo bueno y variado. En el centro de la cama está Bambino, que gira a lo largo de la noche como un molino movido por un agua tranquila, y al otro lado está Rocío, que duerme como un tronco. Disfruto siempre de sus sueños antes de dormirme.

Creo sinceramente que no puedo pedirle nada más a la vida. Si acaso, a mi.

 

“Quien conoce su virilidad

y conserva su femineidad

es un cauce que atrae hacia sí a todo el universo.

Siendo el cauce del universo,

conserva siempre la virtud.

Eso le devuelve a su primera infancia.

 

Quien conoce su pureza

y conserva su debilidad,

es un modelo para el mundo.

Siendo un modelo para el mundo,

conserva siempre la virtud.

Eso lo hermana con lo absoluto.

Quien conoce la dignidad

y conserva la humildad,

es un valle que contiene el universo.

Siendo un valle que contiene el universo,

conserva siempre la virtud.

Eso le convierte en un leño sin tallar.

Cuando el leño se divide produce objetos útiles.

Éstos, al ser empleados por el sabio, se tornan ministros y asistentes.

Pero él sabe que el todo es más que la suma de sus partes.”

 

Tao Te Ching, XXVIII. Lao Tse.

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